[1992]




En este período estudiaba en Barcelona, en la Escuela Massana. Me habían evaluado y ubicado en el cuarto año de los cinco que duraba la formación de pintura. Me obsesioné con el informalismo catalán, con la luz de la ciudad y con el interior de recintos sagrados. Experimenté con barnices y pigmentos sobre todo tipo de soportes.
El encuentro con el Viejo Mundo produjo en mí una revolución profunda que brotó como Transfiguraciones. Era la primera vez que vivía fuera de Colombia, y ser inmigrante “sudaca” en una sociedad como la catalana representó un verdadero desafío personal.