Los libros son el viaje

[2024 – 2025]

Para algunos líderes políticos, los conflictos lejanos no deberían preocuparnos porque los mares que median entre continentes equivalen a un muro natural. Ese espíritu aislacionista se basa en la idea de que el océano existe para separar. Esta serie de Viviana Angel Chujfi concibe el océano como todo lo contrario: un espacio que une. El océano está ahí para emprender el viaje hacia lo desconocido, para huir de un presente trágico, para hacer visible la esperanza de una casa mítica, para unirnos con aquellos que amaremos en el futuro, una vez hecha la travesía.

¿Qué cosas lleva el viajero? Lo primero, lo inviolable: la memoria. La del paisaje que se queda atrás, la de la vida cotidiana que se quiebra, la del idioma que nos construye, la de la propia biografía que se fragmenta. Y navegan también con el viajero las preguntas: ¿adónde llegaré? ¿Cómo será aquello que desconozco? Y se llevan, con ingenua dificultad, objetos. La joya que se atesora, los cubiertos de la madre, y ahí, multiplicando el peso de la maleta, los libros que se han amado.

Todo ese equipaje, amorosamente imaginado, constituye la materia prima emocional de estas obras. Los abuelos de la artista emprendieron hace un siglo ese colosal viaje transoceánico para desembarcar en un pueblo remoto, con un nombre de sonoridad portuguesa: Pereira.

Estas obras de Angel aluden al encuentro y tienden los puentes necesarios. Entre territorios, entre mapas e idiomas. Y Siria resplandece en la memoria. Con un azul cargado del esquivo simbolismo del agua, la obra se convierte en el eco sostenido de aquel viaje del migrante. Y los rojos, verdes y dorados evocan la cultura resguardada.

Son obras poderosamente narrativas. Y sin embargo, prima en ellas la callada armonía de la forma, el misterioso equilibrio que solo el verdadero artista sabe conjugar, y que logra que forma y materiales se condensen en alegoría.

Muchas de las obras incluyen hojas de papel impreso. Páginas de los libros que hicieron el viaje y que, fatigados por el tiempo, se deshacían en un baúl y que Angel decide convertir en el centro de su universo pictórico. Es un rescate: Volver imagen la palabra que queda sin traducción, usar las manos para pintar un diccionario no escrito y así, salvar la memoria de los ancestros. Y reafirmar que la palabra impresa, hecha libro, es la brújula de conciencia.

Marianne Ponsford

Fotografía por Yeferson Bernal